Hicimos cuatro transfusiones al feto para salvarle la vida.

La historia clínica de esta mujer era dramática: había tenido cinco embarazos, de los cuales sólo el segundo había transcurrido con normalidad. En los otros cuatro, los bebés habían muerto, bien dentro del útero o bien nada más nacer.

A nosotros nos llegó en su sexto embarazo. Tenía 35 años, era inmigrante y en su país de origen no le habían hecho la profilaxis que hoy día llevamos a cabo en las mujeres embarazadas con Rh negativo: las vacunamos en la semana 28 de gestación para prevenir la enfermedad hemolítica perinatal, una patología que provoca el desarrollo de una anemia en el feto y que está ocasionada por incompatibilidad sanguínea materno-fetal”, explica Alfredo Perales, jefe de Obstetricia del Hospital Universitario La Fe de Valencia.

Mediante esa vacuna se consigue que la mujer no se sensibilice, es decir, que no desarrolle anticuerpos que destruyan los glóbulos rojos de su hijo con Rh positivo. Pero esta paciente ya estaba sensibilizada y había que conseguir frenar esa destrucción o, más exactamente, compensarla mediante la inyección de más glóbulos rojos. “Hay que entender la gravedad de esta enfermedad: la destrucción de los hematíes provoca una anemia fetal que puede llevar a una hipoxia –una disminución de la cantidad de oxígeno–, o a una asfixia y a la muerte. O puede ser causante de insuficiencia cardiaca, pues el corazón tiene que trabajar en exceso para bombear la sangre, que provoca fallos en tejidos y en órganos”.

En los casos más severos de anemia, puede aparecer hidropesía fetal (derrames de líquidos en abdomen, pleura y pericardio), que casi siempre provoca la muerte del feto. Asimismo, este problema puede provocar secuelas neurológicas en el niño.

Ante este panorama, la primera acción era tratar de determinar el grado de afectación o gravedad de la anemia fetal. “Sabemos que, en el feto, el nivel de hematocrito normal está alrededor del 50%. Cuando está por debajo del 30% es que existe una anemia severa. Este bajo nivel de hematocrito es detectable con la medición de la velocidad de la sangre a través de una ecografía de la arteria cerebral media del feto”. Así, cuando en la semana 20 de gestación se vio que éste se encontraba en situación de anemia grave, el equipo del doctor Perales se dispuso a actuar. La idea era conseguir restablecer la cantidad de glóbulos rojos en la sangre y, para ello, se decidió hacer una transfusión intraútero.

“Mediante ecografía, pinchamos el cordón umbilical y dirigimos una aguja hacia la vena umbilical –por donde va la sangre oxigenada de la madre al feto–, y le transfundimos 20 ml de sangre Rh negativa”. Tras esa primera transfusión, se hicieron controles periódicos que revelaron que los hematíes seguían destruyéndose poco a poco, por lo que en la semana 23 procedieron a transfundir 45 ml más de sangre. “Todavía hicieron falta dos transfusiones más, una en la semana 26 y otra en la 29; en esta última le inyectamos 85 ml más. Gracias a ello, fuimos consiguiendo mantener los niveles de hematíes en el feto y, en la semana 32, se produjo un parto espontáneo de una niña que pesó 2,5 kg y que se encontraba en perfecto estado de salud”.

La pequeña pasó a reanimación, por si fuera necesario realizarle una exanguinotransfusión –sustituirle toda la sangre–, pero no fue preciso.“Tras tres hijos muertos por esta enfermedad, esta nueva técnica permitió que aquella madre tuviera sana y salva a su bebé”.

Fuente: elmundo.es

 

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